Esta es la segundo artículo sobre tres (3) esquemas de tres (3) componentes. El anterior, si no lo leíste, está AQUÍ.

Háblame sobre tu negocio

La semana anterior a escribir éste artículo, tuve dos entrevistas con dos personas en puntos muy distintos del desarrollo de su negocio.

Una es ingeniera; la otra arquitecta.

Una tiene nociones sobre “cosas empresariales” – ha hecho un MBA; la otra no tiene conocimientos específicos.

Una hace un año y pico que está “por su cuenta”; la otra lleva 25 años.

Una ha vivido en Londres muchos años; la otra casi no ha salido de un pueblo de Málaga, más que para estudiar la carrera.

Las dos tienen algo en común (aparte de ser muy agradables, parecerme buenas profesionales y darme la impresión de ser, ambas, excelentes personas).

¿Qué tienen en común?

Cuando les pregunto sobre su negocio me contestan sobre su producto.

“Háblame de tu negocio”.
Pues hacemos xxxx para clientes de tal y tal tipo. Tenemos un producto que se distingue, por… Nos preocupamos mucho de….

“Ah, qué bien. Suena muy bien. Pero esto es más sobre tu producto, ¿no? Háblame del negocio en sí”.

Ah, sí. Claro.
Pues tenemos un negocio desde hace xxxx años, somos XXX y tenemos un producto que “xxxxxxxx”.

“Ya. Pero esto sigue siendo sobre tu producto. Cuéntame – descríbeme – tu negocio”.

Ah, es verdad, tienes razón.

Pues nuestros clientes son XXXX y les ofrecemos XXXX. Llevamos mucho tiempo desarrollando esta manera de hacer xxx. No queremos que nuestro producto sea xxxx.

Y así. Una y otra vez. Añadiendo algunos conceptos que han aprendido sobre “emprendeduría”.

Pero siempre sobre su producto.

Cuando les pregunto la cuarta vez, se quedan mirándome (una llegó a decirme: “Pues es que no sé qué mas decir”).

 

Así, es muy difícil.

Es muy difícil hacerte con la palancas que te pueden sacar de la “condena” de estar siempre muy ocupado, o con muchos altibajos de trabajo y de dinero, o teniendo que aceptar cualquier trabajo que llegue, o sentir que no das más de ti.

Digo que es muy difícil, pero en realidad me parece que es imposible.

Para poder hacerte con el negocio necesitas tener tu mente focalizada en el negocio.

Como para cualquier otra cosa con lo que quieras “hacerte”. Cualquier otra cosa que quieras “dominar”.

Ya hablé anteriormente de esto que voy a comentar aquí, pero lo repito, porque me parece hiper, ultra importante. De hecho, es la clave para muchas de las cosas que quizá te ocurran.

Si recuerdas de otro artículo, hablé de las 3 diferentes tipos de mentalidad con las que se llega a ponerse por su cuenta y/o a dirigir un negocio:

  1. El “Profesional” que se identifica con el producto o servicio que entrega su negocio (se siente arquitecto, informático, abogada, diseñadora, contable… lo que sea).
  2. El “Manager” que ha conseguido despegarse algo de que su día a día sea exclusivamente el producto o servicio y se ocupa – también – de que se haga de manera más eficaz, eficiente o rápida o con mejor calidad.
  3. El “Empresario” que ve que tiene un producto que desarrollar que es su negocio. Que lo que le va a hacer tener éxito o no es tener un negocio que sea diferente, mejor, más eficiente…PERO NO EN LA PRODUCCIÓN NECESARIAMENTE, sino en las diferentes fases que intervienen en el intercambio que el negocio tiene con el mercado.

 

Incluso si están en la fase 2 de mentalidad (Manager), estas nuevas tareas que ahora sí son más proactivos haciendo, siguen siendo cosas “extra” que hacen cara a mejor presentar, desarrollar, agilizar, vender el producto.

No se puede resolver el nudo gordiano hasta que no comiences realmente a pensar en tu negocio como lo que es.

Hasta que entiendes que la clave está en que veas, que comprendas que…

 

Tu producto es el negocio.

Lo que vende tu negocio es una excusa.

Necesitas tener la urgencia y claridad de que tu producto es el propio negocio. Tan claro, como tienes ahora de que tu producto son tus proyectos, tus trabajos, etc.

Igual que cada día ahora te levantas pensando en cómo vas a entregar el producto o servicio, necesitas levantarte cada día pensando en cómo vas a aumentar el valor de tu negocio (es decir, en cómo vas a construir y finalizar tu negocio).

Pero llegar a esto es como ir subiendo una escalera o subir en globo.

O un ascensor.

Del primer piso, al segundo.

Del segundo al tercero (o la azotea y ahí tienes unas vistas maravillosas).

Y, no sólo se trata sólo de que se ve “más” al subir, sino de que se entiende el concepto global, y se pone el acento en lo importante (el foco).

Porque mientras sigues interpretándote como “profesional o currante”, no ves, y, además, no ves que no ves.

Solo puedes deducir dónde estás por los resultados que vas teniendo. Y, sí, está bien que digas que tu negocio “va bien”, pero necesitas preguntarte si va bien como negocio o como puesto de trabajo.

Es decir, si te vas acercando a tener un producto “vendible” (tu negocio), o simplemente estás en una fase en la que la combinación de trabajo y facturación te satisface.

Son dos cosas distintas.

Muy, muy distintas.

Cómo conseguir la mentalidad del tercer piso (el Empresario).

Hay, que yo sepa 2 maneras.

A) Una, que la vida te de un varapalo. Uno fuerte de verdad.

Pero que no te hunda del todo. Quizá así lo veas, y rápido. Eso es lo que me pasó a mí.

B) Dos, que tengas la suerte de pasar tiempo con quien tiene esta mirada, esta visión.

Puede ser porque la vida te ha puesto a una Ana Botín, a un Amancio Ortega, a un Bill Gates en tu vida de manera cercana y siempre te habla desde ahí. No te imaginas el impacto que tienen las personas con las que pasas tiempo.

Para lo bueno y para lo malo.

O puede ser porque te has buscado un mentor, coach o alguien similar.

Esto es parte de lo que hago yo en mi trabajo, claro. Siempre, siempre, siempre devolverte mis opiniones, propuestas, preguntas, etc. desde la otra perspectiva.

Pero hay una tercera manera – que es en realidad más lenta que la primera y más difícil que la segunda:

Si la vida no te ha puesto a una persona de gran nivel empresarial cerca, para que te pueda responder desde el tercer piso, ni te ha dado un “Hxxtión” para que te espabiles y veas dónde vas, esta tercera vía puede ser que te decidas a hacer el curso de planificación estratégica simplificada para pequeños negocios.

El curso te obligará a replantearte cómo abordas lo que haces en tu negocio, sin ponerte al borde del precipicio. O sea que es más amable que el varapalo.

Por otro lado, no es tan potente como una relación de coaching 1-1 (y es mucho más económica, claro), pero puede ser un buen inicio y, en cualquier caso, es algo que hay que hacer en tu negocio.

Tu negocio necesita tener un plan estratégico.

Si no sabes dónde vas, probablemente acabes en cualquier otro lugar.