Hacer las cosas correctamente o hacer las cosas correctas en tu empresa

Hacer las cosas correctamente

Hace un tiempo leí de la revista Harvard Business Review un artículo donde repasaban un período de 90 años desde que se fundara esta publicación.

La revista comenzó como una manera de diseminar la información (y la formación) que iba apareciendo sobre la incipiente disciplina del “management”. Como  una especie de MBA para pobres.

Efectivamente, hasta principios del siglo pasado no existía el concepto de que la gestión estaba compuesta de actividades y habilidades concretas y cuantas más se aplicaran de la mejor manera posible, mejor iría la empresa.

Hasta entonces se creía – y así se hacía, en realidad – que con esfuerzo, dinero, valor, etc. lograban salir adelante las personas que intuitivamente sabían o aprendían a dirigir y gestionar.

En el interesante periplo desde los inicios de la revista, lo que más me ha llamado la atención es el comentario que hace sobre cómo la revista HBR ha pasado de ser una publicación “sobre cómo hacer las cosas correctamente”, a una publicación “sobre las cosas correctas que hay que hacer” (el juego de palabras es mucho más ingenioso en inglés, me temo: «Doing things right vs. doing the right things»).

Hacer las cosas que te toca hacer

Y, efectivamente, esto de pasar de “hacer las cosas correctamente, a hacer las cosas correctas” es uno de los principales factores del liderazgo en general, pero también es esencial para ser emprendedor y dirigir tu negocio con éxito.

 

Uno de los principales factores que retrasan e incluso impiden que un profesional llegue a convertirse en un excelente empresario (y es uno de los principales motivos de fracaso) es que se dedica a hacer correctamente cosas que no debería estar haciendo en absoluto.

Y, por otro lado, no hace las cosas que ahora — por tener un negocio — le toca hacer, aunque, , de momento, las  haga menos bien.

Esto es lo que le sucede al 90% de las empresas que fracasan dentro de los primeros 3 años de su creación, los empresarios pusieron muchos recursos y esfuerzo en hacer correctamente las cosas, pero no en hacer las correctas.

Cuanto más hablo con pequeños empresarios, más compruebo que saber discernir en cada momento  qué es lo mejor que puedo hacer por mi negocio ahora mismo, es el factor clave.

Para un pequeño empresario, amenazado por la cantidad de cosas que se le echan encima, es importantísimo, simplemente para no verse desbordado.

Unas veces el día a día, otras nuestras tendencias o miedos personales, nos impelen a repetir las mismas equivocaciones, los mismos patrones. Y si no paras y decides – desde fuera del torbellino – qué es lo más importante ahora, o cuál quieres que sea tu papel en todo esto, resultará muy difícil lograr una visión clara y probablemente te sigas repitiendo indefinidamente.

Pasar de hacer las cosas correctamente a hacer las cosas correctas

Si ves que algo de esto refleja cómo tú actúas, aquí te dejo algunas pistas para comenzar a despegarte un poco de la incesante actividad que existe a tu alrededor y poder ejercer tu capacidad de decisión:

  1. Ten objetivos a corto, medio y largo plazo. Son como un faro en la niebla y te ayudan a orientarte en medio de la tormenta.
  2. Ten un sistema para gestionar las actividades que entran en tu vida, y planifica, a diario y semanalmente, qué es importante conseguir en cada plazo (esta semana, hoy). No es necesario que desgloses cada cosa que vas a hacer, pero sí que tengas un objetivo importante para la semana y/o para el día.
  3. Dedica tiempo periódico (por ejemplo, 15 minutos al día) a parar y reflexionar sobre cómo va tu día y si hay algo que puedes hacer mejor.
  4. Recuerda que, en el fondo, aunque muy serio, sólo se trata de un juego. Con un instinto algo más “juguetón” solemos tomar mejores decisiones y ser mucho más flexibles y reaccionar mejor ante los imprevistos.
  5. Busca alguien de fuera de tu empresa en quien confíes y con quien puedas hablar: el día a día te puede a ti, pero también a todos los que trabajan contigo. Es muy difícil encontrar visiones frescas, soluciones nuevas o perspectivas enriquecedoras si sólo hablas con quienes están inmersos en el mismo pantano.

Quizá tú, como la revista Harvard Business Review, puedas pasar de ser un ejemplo de alguien que hace las cosas correctamente, a serlo de alguien que siempre hace las cosas adecuadas (y, por supuesto, lo más correctamente que puedas).

 

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