Es muy habitual que un pequeño empresario dedique muchas horas (incluso todas las que tiene) a su negocio y, a pesar de ello, no logre que despegue.

Si lo pensamos bien, cuando se dice que el 80% de los pequeños negocios muere en los primeros tres años no nos imaginamos que estos negocios fracasen porque sus propietarios hayan estado tumbados tomando piña colada y hayan dejado morir el proyecto.

Lo que suele pasar es que el negocio quiebra (o no acaba de despegar) A PESAR de todo el esfuerzo que pones los fundadores.

¿Necesitas tanto esfuerzo?

¿Es importante el esfuerzo para sacar adelante un negocio? Sí. Sin duda. Sobre todo al principio. Digamos los primeros 1 o 2 años.

¿Es la clave del éxito empresarial? En absoluto.

Si el trabajo duro fuera clave para conseguir ganar dinero, los que más ganarían serían los mineros, o los labradores, o los albañiles…

Antes de pensar en CUÁNTO trabajas, hay que ver EN QUÉ trabajas.

Y esta es la clave en la mayoría de los casos de pequeños empresarios que trabajan mucho, muchísimo (casi todos) pero no logran que se negocio despegue (también casi todos): trabajan mucho, pero no en las actividades adecuadas.

¡A CORRER!

Imagina por un momento que quieres ponerte en forma para correr una maratón. Así que te vas al gimnasio, después de haberte cronometrado (cuánto puedes correr y a qué velocidad) y eliges unas pesas y comienzas a levantarlas. Haces esto tres días por semana durante un mes. Después de esto, vuelves a cronometrarte y ves que no has mejorado nada – casi has empeorado un poco… Así que te dices que, sin duda, es porque no haces los ejercicios con pesas lo suficientemente a menudo y aumentas tu frecuencia a 4 días por semana.

Tras otro mes, compruebas que sigues sin mejorar tu velocidad y resistencia, así que optas por aumentar a 5 días por semana la frecuencia de los ejercicios… y así continúas hasta que estás yendo al gimasio 7 días por semana, 2 veces al día… y aún sigues sin ver ninguna mejora en tu resistencia y velocidad…

Esto es muy similar a lo que les ocurre a los pequeños empresarios: lo que hacen (a lo que dedican su tiempo y energía) no les funciona, así que deciden que el problema es que no hacen suficiente y redoblan sus esfuerzos.

En algún momento, es posible, te vendrá la idea de que no se trata de repetir el ejercicio con las pesas más a menudo, sino de ver si lo que estás haciendo (el ejercicio concreto con pesas) es lo que necesitas hacer para mejorar tu carrera.

De igual manera, parece “obvio” que si trabajas muchas horas, pones mucho esfuerzo y no obtienes resultados, entonces LO QUE ESTÁS HACIENDO NO ES LO CORRECTO.

Casi todo el mundo que pone una pequeña empresa tiene muchos conocimientos sobre el producto o servicio que piensa vender, y MUY POCOS conocimientos sobre el mundo empresarial y lo que hace que una empresa tenga éxito.

Así que se dedican a profundizar en hacer bien lo que saben — el producto o servicio — y desatienden las cosas que no saben hacer (o incluso no se dan cuenta de lo importantes que son), en lugar de aprenderlas. Cuando la atención sobre el producto o servicio no surte el efecto deseado (la empresa no despega), en lugar de darse cuenta de que probablemente lo que estén haciendo no es lo adecuado, deciden aumentar el esfuerzo… con el resultado que ya te imaginas… o quizá lo estés viviendo en primera persona.

¿Porqué ocurre esto, si parece tan lógico?

Tiene que ver con la zona de confort psicológica de cada uno. Quienes ponen un pequeño negocio, sobre todo si son profesionales, suelen estar acostumbrados a hacer las cosas bien. Incluso a hacerlas muy bien; muy profesionalmente. El problema es que esto que saben hacer tan bien, casi nunca es “ser emprendedor o empresario”.

Así que, cuando ponen su negocio, se ven abocados a verse haciendo cosas que no saben hacer bien, y que en muchos casos, ni siquiera saben qué cosas son en concreto…, lo cuál produce muchas resistencias.

En este artículo lo explico más en detalle: https://xlnscoaching.com/blog/porque-no-cambiamos/

¿Qué puedes hacer?

Lo más importante para una pequeña empresa es tener una dirección clara y firme (una persona que dirija, que tenga clara la estrategia, que entienda su factor diferenciador, que entienda cómo interrelacionan las partes funcionales de la pequeña empresa, que ponga objetivos concretos y específicos… etc.). Todo lo demás, se puede subcontratar, enseñar, o delegar.

Y si has puesto esta pequeña empresa en marcha, de lo que se trata es de que tú te conviertas en quien la dirige (de hecho, no sólo en nombre).

NECESITAS CONVERTIRTE EN EMPRESARIO/A

Puedes hacer esto por tu cuenta o con ayuda.

La mejor manera de lograr hace este cambio por tu cuenta es hacer (y digo hacer, y no que te hagan) un plan de negocio. Aunque luego el plan de negocio no se siga a rajatabla, todo lo que aprenderás haciéndolo (si lo haces de verdad) te indicará en qué áreas tienes que dedicar esfuerzo para prepararte o formarte.

Entonces entenderás que gran parte del “esfuerzo” necesario del que hablo al principio es que si no tienes mucho capital para financiarte, durante un tiempo quizá tengas que hacer la dirección de la empresa a la vez que la producción. Al menos hasta que logres generar suficiente liquidez para ir pasando la producción a otras personas.

Una regla para ti: Para que tu negocio vaya creciendo, necesitarás dedicar al menos el 40% de tu tiempo a labores de dirección. Esto es al principio, luego la proporción cambiará.

Piensa en tu negocio como si fuera un bebé: necesita mucha atención. El esfuerzo que pones en producción no es necesariamente atención al crecimiento del bebé, sino dinero para vivir tú – que también es importante, por supuesto, pero no hace crecer tu empresa.

También puedes hacer el cambio apoyándote en un profesional, por supuesto: es mucho más rápido, pero tiene un coste.

Tú decides