Qué podemos aprender de los Marines (y VI)

Para finalizar por ahora lo que estoy comentando sobre el método que utilizan los Marines para perfeccionar su actuación, me gustaría hoy poner otro ejemplo de los tres pasos: algo que yo hago cuando voy a impartir un seminario. Lo puedes utilizar tambien para cuando necesites hablar en público, para presentar tu empresa, por ejemplo.

Ejemplo: Una presentación en público

Primer paso: definir objetivos con claridad

Este paso, tan sencillo, a veces se nos olvida: nos ponemos a preparar y escribir el contenido, o nos lanzamos de cabeza con Powerpoint (quiero ver si logramos hacer una plataforma para matar a Powerpoint, antes de que nos mate Powerpoint a nosotros… de aburrimiento), sin debida consideración a los objetivos que queremos conseguir. Dependiendo de los objetivos, no es descabellado pensar que el contenido, la duración, etc. puedan cambiar, así que lo suyo es definir esto primero.

Los objetivos deberían incluir aspectos como:

  • para qué estoy aquí (es decir, ¿qué quiero conseguir impartiendo esta charla?),
  • cómo pienso hacerlo, como pienso conseguir a lo que he venido (por ejemplo, aportando información valiosa para los asistentes, de manera que puedan contrastar mi credibilidad),
  • cómo sabré que he obtenido lo que quiero (número de contactos, tarjetas de visita, felicitaciones… lo que sea).

Y ahora ya puedo preparar la presentación teniendo en cuenta que todo lo que añada o prepare ha de estar orientado a conseguir el resultado que busco (y que he fijado por escrito).

Segundo paso: realizar la acción

Posiblemente, antes de empezar, repasar los objetivos (seguro que el contenido lo estoy repasando de más, incluso), disponer todo lo necesario y comenzar. Durante la acción, intentar estar presente en lo que estoy haciendo y recordar mis objetivos.

Tercer paso: evaluar lo hecho

Después del seminario o charla, lo antes que pueda, sentarme y reflexionar, por escrito, sobre lo que hice.

Lo primero: He conseguido mis objetivos, ¿Sí o No? Y para que no me permita a mí mismo escaparme por las esquinas (sólo porque es más difícil que aprenda algo), es muy importante que lo contraste con los objetivos que tenía **escritos**, y no con mi percepción de lo que quería hacer.

Lo segundo: repasar lo que he hecho de manera más o menos cronológica, apuntando o anotando dónde no he seguido el plan, dónde ha ocurrido algo inesperado y no he sabido reaccionar… o dónde se me ha ocurrido una idea maravillosa que puedo utilizar en lo sucesivo.

Si de verdad quieres rizar el rizo y escribes todo esto en un documento, !puedes utilizarlo en la preparación de la siguiente acción similar que tengas! Esta es una manera de multiplicar aún más la potencia de esta herramienta. Si lo haces así, el diagrama sería algo diferente y quedaría asi:

Buena suerte y si intentas utilizar este método, cuéntame cómo te va…

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