Punto de inflexión

Llega el final del año. Es el momento de recoger la cosecha de lo sembrado y de ver qué tal han ido los últimos 12 meses.

Hace 12 meses probablemente comenzaste el año con unos objetivos. Si no estás acostumbrado a ello o no trabajas con un coach, es posible que tus objetivos no sean muy explícitos o no los hayas tenido claros durante el año. Pero seguro que tenías una idea de lo que te gustaría conseguir durante el año.

Si ya has aprendido a trabajar con objetivos concretos y SMART (y si no, te invito a que te apuntes al siguiente programa de coaching en grupo, donde trabajamos esto muchísimo), ahora es el momento de contrastar si has llegado o no y por qué.

Hay diferentes aspectos de los que hemos de hacer seguimiento; veremos un par de ellos estos días.

Sobre el aspecto de desarrollo de tu empresa, es un buena idea hacerte las siguientes preguntas (te invito a que estas y las siguientes preguntas las contestes por escrito y de manera concreta):

¿He conseguido mis objetivos económicos? Es decir, facturación y beneficios, en primer lugar. Adicionalmente, cualquier otro indicador que hayas podido contemplar cuando empezó el año: número de clientes, transacciones por cliente, importe medio de la transacción, porcentaje de beneficio…

Para ello, además de conocer tus objetivos iniciales, es necesario conocer estos datos finales. Como empresario, deberías conocerlos constantemente, durante el desarrollo del año, pues te sirven para lo mismo que nos sirve el marcador en un partido de fútbol: para saber en todo momento cómo vamos, y poder introducir las modificaciones necesarias.

Datos como número de clientes, transacciones, etc. son indicadores sobre los que puedes trabajar para mejorar durante el año y ahora es el momento de ver cómo ha resultado «el partido». A primeros de año hablaré en este blog de la fijación de objetivos e indicadores clave.

Tenemos, entonces, unos objetivos financieros iniciales para tu empresa (facturación y beneficios, por ejemplo) y quizá algunos otros indicadores sobre los que has podido trabajar estos meses (importe medio de cada transacción, por ejemplo), y unos resultados concretos (exactamente los mismos conceptos: facturación, beneficios, etc.). Y ahora nos hacemos la pregunta: ¿han llegado estos resultados al nivel que tenías fijado al principio de año?

En caso de que la respuesta sea negativa:

¿A qué es debido que no lo hayas logrado? ¿Eras consciente durante el año de que no estabas avanzado adecuadamente? ¿Qué pasos concretos has dado para lograr cumplir tus objetivos (cuándo, cómo, etc.)? ¿Qué cambios has introducido para ayudarte a conseguirlos, cuando has visto que no ibas bien encaminado? ¿Qué has aprendido por no haber logrado tus objetivos?

En caso de que la respuesta sea positiva ¡FELICIDADES!

Pero pregúntate también qué has aprendido por haber alcanzado tus objetivos.

Seguro que si haces este trabajo se te ocurrirán muchas otras preguntas que hacerte sobre el camino andado estos últimos doce meses. Y, sobre todo, comprenderás sin duda lo importante que es tener objetivos claros y explícitos sobre los que trabajar. Pero de esto hablaremos más adelante, de nuevo. Porque de momento lo que quiero es que observes lo importante que es pararse y hacer esta reflexión, y contrastar efectivamente dónde estamos, qué hemos conseguido y dónde hemos de mejorar.

En el próximo post, hablaremos de otro aspecto que podemos evaluar en este fin de año.

Mientras tanto, ¡que tengas unas Navidades excelentes!

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