Tweeter, Facebook, LinkedIn, Instagram, TikTok (perdón si me olvido alguna), noticias políticas, enredos de las vacunas. La vida, toda ella, parece haberse convertido en una mini (o maxi) serie, en la que los cambios inesperados de guion y las sorpresas te tienen atrapado, y muy atento a no perderte nada, para no quedarte atrás. Obviamente, esto está propiciando una reorientación de la substancia (qué tengo realmente que decir, y por qué, qué legislación he desarrollado de manera reflexionada) a la apariencia (cómo me presento en las redes sociales de manera que genere más impacto y tenga más indicadores de haber obtenido atención). Esta aceleración constante, con el consiguiente, e inevitable, abandono de lo sustancial por lo accesorio, también nos afecta en tanto que pequeños emprendedores y empresarias.

Entre los problemas de los que más se quejan los pequeños empresarios está muy presente la sensación de ser arrastrado por los acontecimientos. Se ven yendo de acá para allá constantemente, apagando fuegos, corriendo para tapar fugas, y con una sensación de agobio porque no pueden ni siquiera encontrar tiempo para pensar y adelantarse a los acontecimientos. No sólo no dan abasto ahora, sino que no logran evitar nuevos incendios.

Además de todo lo que está ocurriendo a su alrededor inmediato, no dejan de llegarles nuevas informaciones, noticias, avisos que les impelen a seguir corriendo, respondiendo a toda velocidad, sin detenerse a reflexionar, meditar… porque tienen la sensación de que se van a perder algo. De que se les escapa algún tren. De que me se van a quedar atrás…

¿Qué hacer? ¿Cómo evitar perder la cabeza y el alma en medio de este ajetreo constante que no nos deja ver y discriminar lo sólido y concreto de lo efímero y evanescente?

PARAR

¿Parar?
¡¿Con todo lo que tengo que hacer?!

Esta consigna de parar parece, hoy día, una locura. Cuando se lo propongo a mis clientes, o gente a mi alrededor, les viene una mirada de que no entienden. Como si les estuviese proponiendo una locura totalmente desconectada de todo lo que pudiera tener un cierto sentido. En el mejor de los casos, algunos dicen “sí, tendría que parar… pero ahora no tengo tiempo.”

Justo por eso es necesario parar.

Incluso el más adicto a la eficacia podría entender lo de parar si le sugiero que haga algo de meditación o “Mindfulness”, pues puede concebir que llegue a hacerle más eficiente, o generar más energía, o lo que sea.

Parar no es algo nuevo, en realidad

Encontramos muchos consejos y muchas técnicas para mejorar nuestra vida, nuestro desempeño profesional o empresarial, nuestras relaciones. En refranes, en citas de filósofos, pero también en FB, en Pinterest, en las librerías de los aeropuertos, en los cursos de desarrollo personal y profesional…

Todas implican de alguna manera, el concepto de “pausa”(para pensar, para meditar, para reflexionar, para planificar, para dar un paso atrás, tomar distancia y ver mejor, para fijar objetivos, para valorar qué es importante…).

No hay escasez de citas y refranes sobre las prisas y la pausa:

 “En este siglo acabaremos con las enfermedades, pero nos matarán las prisas.”
Gregorio Marañón

 

"¡Rápido y bien, rara vez juntos se ven!"

 

 "La prisa es del diablo…"
Charles Lamb

Parar para reflexionar es muy necesario y bueno, pero aún más es la pausa en sí misma.

Es como un siguiente nivel profundización.

Curiosamente, todos los caminos de desarrollo personal potentes (sean o no religiosos) priman o priorizan también lo mismo. Meditación zen, meditación transcendental, quietud monástica, oración introspectiva, auto-observación, conocerse uno mismo: pararse y detener el flujo de “esta” vida, repetido una y otra vez como clave para alcanzar otro estado de vivir.

Si quieres que tu vida tenga sentido intrínseco (y no dado desde fuera), tener la capacidad de no dejarte llevar de acá para allá cual pollo sin cabeza, si quieres dejar de estar quejándote todo el rato sobre las circunstancias de tu vida, si quieres que tu vida sea algo que disfrutas con cierta tranquilidad, incluso llevando un pequeño negocio.

Si quieres ser menos manipulable, más libre de verdad (no esta libertad de hacer lo que todo el mundo a mi alrededor considera que está bien, que es la libertad que ahora vivimos, aunque vestida con ropajes aparentemente liberales).

Si quieres tener ideas propias, decidir qué es importante, y vivir CADA DÍA para acercarte un poco más a ese ideal, la clave es PARAR.

Parar a menudo

Parar…

  • No parar a meditar (aunque esto está bien)
  • No parar a reflexionar (aunque esto también está bien)
  • No parar a fijar objetivos (aunque esto también está muy bien)

Simplemente PARAR.

Parar para reconectar con uno mismo y poder ponerse al mando.

“Nunca apresurarse ni apasionarse. Sea uno primero señor de sí, y lo será después de los otros.” 
Baltasar Gracián

Quizá pienses ¡Parar! ¡¿A no hacer nada?!

¡QUÉ LOCURA!

Pero, realmente, la locura es justo la manera en la que vivimos. La total separación entre quienes somos y cómo pasamos nuestra vida, en un hacer sin descanso, hacendoso, eficiente, conseguidor.

Y cuando no es así (cuando no lo logramos o nos rebelamos un poco), esforzado, culpable por no hacerlo, sintiendo que estamos intentando “escaquearnos”… como si estuviésemos haciendo trampas.

¿Hacia dónde te diriges?

Cuando empiezo a trabajar con un cliente, para enmarcar bien nuestra relación, le hago las preguntas habituales sobre qué quiere conseguir con su negocio, hasta dónde – concretamente – quiere llegar; cómo quiere que sea su negocio una vez haya acabado de construirlo.

Y, también. cómo quiere que el negocio se engrane con el resto de su vida y esté al servicio de ella, tanto ahora como, sobre todo, cuando finalmente el negocio esté funcionando como tiene planeado.

Es muy frecuente que ante estas preguntas la persona no tenga respuestas. No sólo no tiene respuestas sino que, hasta el momento en que se las formulo, tampoco tenía las preguntas.

Está inmerso en un negocio que le ha secuestrado todo su tiempo y su energías, pero no se había parado a pensar en cómo quiere que sea el negocio, qué forma le gustaría que tuviese, cuánto facturará, etc.

Y este actuar sin reflexionar es la trampa en la que nos metemos y de la que sólo se puede salir… parando.

Dar tiempo a que la cosa repose

Es muy difícil que te hagas con las riendas de tu vida o de tu negocio si no paras a recomponerte y que todo se detenga un momento.

Hace años se vendían unos pisapapeles que al agitarlos unas partículas blancas a modo de nieve flotaban en su interior ocultando la figura que había dentro. Cuando se dejaba sobre la mesa, poco a poco los “copos de nieve” iban depositándose en el fondo y de nuevo se veía lo que había dentro de la bola.


De igual manera, necesitamos parar para que toda la agitación interna, la que nos provocamos nosotros mismos, y la que nos viene desde fuera, pueda detenerse y podamos ver realmente que hay en el interior.

En nuestro interior.

Para poder averiguar – o reconfirmar – lo que realmente queremos, lo que realmente buscamos, lo que realmente tiene sentido para nosotros, y así tener más certeza en nuestras decisiones y en el camino que tomamos.

“La prisa y el necio se juntan frecuentemente.”
Domenico Cieri Estrada

No solemos tener ni idea de qué, ni quién, realmente somos. No solemos tener un contacto directo con lo que somos. Como lo tiene cualquier animal, o lo tienen las personas en las civilizaciones primitivas.

Buscamos “realizarnos” fuera de nosotros, pero no por ascensión a algo superior DESDE nosotros, desde lo que somos, sino mediante la huida compulsiva del contacto con nosotros mismos hacia objetivos, cosas, logros efímeros que (además, ya lo sabemos) no nos van a dar el sentido que buscamos, ni van a satisfacer el anhelo que nos impulsa.

Y por lo tanto necesitamos seguir apilando objetivo tras objetivo, sabiendo que en cuanto logremos alcanzar un objetivo, perderá su condición de “zanahoria” y necesitaremos una nueva “zanahoria”, un nuevo objetivo, en la misma dirección de huida de nosotros mismos… de huida de justo el sitio donde podríamos comenzar a tranquilizar ese anhelo.

Y, como podemos constatar, no hay escasez de personas, empresas, instituciones y causas muy dispuestas a proponernos nuevas “zanahorias” en las que poder fijar nuestro punto de mira y así apaciguar, durante al menos un poco, el anhelo, la intranquilidad, la frustración de seguir sin saber quién soy, ni donde voy (más allá de la siguiente zanahoria).

Cómo el drogadicto al que amigos bien intencionados (o no tanto), le ofrecen una dosis más.

Momentos Clave

A veces la vida nos pone ante momentos clave en los que nos replanteamos lo que estamos haciendo. ¿Cómo es que tras años en esta vida, décadas de estudiar, trabajar, tener relaciones, un día acabamos pensando “De qué va todo esto”?

“La verdad se fortalece con la inspección y con el examen reposado; la falsedad se aprovecha de la prisa y de la indecisión.”
Tácito

Porque si no sabemos de “qué va esto” de la vida, no es imposible que estemos remando en la dirección equivocada, esforzándonos por conseguir algo que, en lugar de acercarnos, nos va a alejar de lo que realmente importa.

Y esto es así tanto a nivel pequeño: ¿Por qué estoy haciendo esto concreto que hago en este instante?

Como a nivel mediano: ¿Qué quiero conseguir con mi proyecto empresarial? ¿Cómo será cuando lo haya finalizado?

Como a nivel superior: ¿De qué va mi vida? ¿Qué he venido a hacer aquí?

Si te detienes y logras pasar tiempo con estas preguntas, quizá se te abran puertas que no sospechabas que existían.